sábado, 28 de junio de 2008

Arena de gladiadores


¡Uf, qué mal trago! Bueno, no tanto. Andaba yo un poco oxidado, pero al final sigo entero, aunque baneado de SPQRol, y en el fondo agradezco la oportunidad de tomarme un respiro, porque las cosas se estaban poniendo demasiado cuesta arriba como para intentar explicarse, y antes de volver a salir por peteneras, como de costumbre, prefiero cerrarme en banda.

Tampoco os creáis, todo surgió porque a OKGames la estaban poniendo de vuelta y media en una lista esencial para la supervivencia de lo nuestro, por ser tan poco seria como para anunciar que tiene la licencia de Cthulhu-Tech y que pretende darla salida, y porque a mí se me ocurrió delatar la maniobra para decir abiertamente que éstas no son formas de cultivar un mercado ni su afición. Total, que entre pitos y flautas, aparecieron los de siempre por ver si pillaban cacho. Sí, los que ponen en duda cualquier cosa atractiva por aquello de actuar de manera preventiva, no vaya a ser que el mundillo de los Juegos de Rol deje de ser profundamente serio.

Y el caso es que estas cosas pasan porque no hay competencia sana, porque no hay oportunidades reales para comparar entre diferentes propuestas, porque en el fondo no hay ganas de que nada cambie, porque nadie se ha preocupado de fomentar el criterio de los aficionados, porque la pedrada se ha antepuesto a la crítica, porque aquí todo vale y debe seguir valiendo, y de que siga siendo así se encargan los que se han encargado de ello desde tiempos inmemoriales, los mismos que aparecieron el otro día en SPQRol para enmendarnos la plana a todos, para acusar sin razones, para escenificar lo machotes que son y lo puestos que andan. Total, una nadería, te mofas un poco de las iniciativas personales, del trabajo que están desarrollando los que prefieren jugar a vender poco porque prefieren hacer las cosas a su estilo y manera, sazonas el invento con un sonoro ¡Ludotecnia no existe!, sueltas alguna tontería sobre las leyes del mercado y lo importante que resulta para todos que haya una editorial fuerte en vez de varios proyectos pequeños, y te largas por donde llegaste con cara de no haber roto un plato, a seguir pontificando y sacando pecho ante las huestes que aún besan tus pies a tu paso, porque saben que eres un gracioso de tomo y lomo, y llevas mil y tantos años en esto, incluso que publicaste alguna traducción para el imperio…

Admito que se me atraganta la cosa, y más de lo que debería. Chorradas como «Ándate con ojo que soy un posible comprador de tus libros», o aún «Cambia de distribuidora porque en las tiendas que frecuento no aparecen tus productos», no dejan de ser el exponente preclaro de lo mejor que lleva nuestra afición en sus entrañas…

Y así nos va, y nos quedaremos de aquella manera como no lo remedie nadie, saturados de matones de barrio que intentan cerrar la boca de quienes siguen apostando por esto, mientras sientan su propia cátedra a martillazos.

¡Uf, qué mal trago, qué bochorno! Menos mal que estoy baneado tras mi paso por la Arena de Gladiadores. En serio, no vuelvo.