sábado, 3 de mayo de 2008

Groundhog day


Sabido es que hay sabios que requieren de gran pompa y artificio para destacarse sobre los mortales. Forma parte de la liturgia, del sistema ancestral por el cual unos y otros nos entendemos sobre el mundo en base al lugar que ocupamos, de forma que si alguien sabe leer señales en el cielo (es un decir), o en cualquier otro lugar (también lo es), y después afirma que el blanco es blanco y el negro, negro, a pesar de que no hay que ser demasiado avispado para llegar a ese tipo de conclusiones, inmediatamente alzamos nuestro dedo índice para decir en voz alta mientras lo señalamos: ¡Ése, ése es un sabio!

Como bien sabéis, yo no soy un sabio, sino un perfecto desastre, un hombre que pierde la fuerza por la boca y que malgasta el tiempo necesario para publicar en andar diciendo por ahí vaya usted a saber qué cosas.

Que al mercado no lo reconozca ni la madre que lo parió; que las grandes editoriales patrias anden palpándose la ropa en eso de publicar porque el horno no parece andar para demasiados bollos; que las tiendas se lo piensen mucho antes de apostar por un producto del que dicen ser especialistas, etcétera; no parecen ser excusas convincentes para que tú procures medir bien los pasos que das o que vas a dar, porque hay ejemplos de lo otro, del tirar para adelante por el bien de la afición vendiéndole libros caros que se rizan o resquebrajan en cuanto los abres, panfletos que se rizan en las estanterías sin necesidad de que los mires siquiera, pero que cuestan un ojo de la cara…

Pretender hacer bien las cosas no está bien visto. Lo sabía y sigo sabiéndolo. Querer dignificar un producto desde su base, desde la creación misma, pasando luego por su confección y acabado, y terminando por buscar los mejores sistemas de impresión al mejor precio para que todo revierta en el consumidor: no está bien visto, asumámoslo.

Tampoco lo está que intentes explicarte, o que busques cauces desde donde hacerlo, porque en cuanto sacas la cabeza ya hay quien ve un reguero de promesas que no vas a cumplir, o cualquier otra trágala merecedora de pedradas, aunque tú no hayas dicho nada de lo que dicen que has dicho, aunque el que afirma que ha hablado contigo afirme también que le has comentado los proyectos en los que tu tropa está trabajando y los desgrane para que la gente se vaya ilusionando ante la certeza de que todavía se trabaja bien en esto del Rol.

No me enrollo. Viene todo esto a cuento porque entre poner en marcha este blog, entretenerme alimentado el otro que tengo, recuperar el tiempo perdido en lo laboral, contar mis miserias a medio mundo, purgar mis pecados en silencio y comprender que así se rasguen los muros del Templo de Salomón a nuestro mundillo no lo cambia nadie, se me estaba pasando el arroz en esto de ajustar pequeñas cuentas y menudencias, afán que como bien sabéis me gusta más que a un tonto una tiza, y que a la postre es la razón sustancial de lo dilatado de las ausencias de Ludotecnia… Y por ello no quería dejar de mencionar la entrada que nos dispensaba hace unos días el amigo WKR en su blog (paso de poner el enlace, comprendedme), y en la que haciendo jácara y chonza de lo comentado por Avatar en El Opinómetro, trataba de dar a Ludotecnia un pequeño revolcón.

Permitidme que levante mi dedo índice y os diga, señalándolo: ¡Ése, ése es un sabio, pues ha sabido ver en la señal que seguimos vivos!