domingo, 27 de abril de 2008

Confesión


Llevo confesando miserias varios días. No es que me importe demasiado; un tipo como yo, muy dado a charlar sobre lo divino o humano en cuanto tiene oportunidad, no puede sino sentirse halagado por hallarse situado día sí y día también ante la perentoria obligación de contestar preguntas de gran calado, vitales para la supervivencia del mundillo. Así las cosas me estaba planteando escribir unas detalladas memorias que a buen seguro harían las delicias del vulgo y aún de los más afamados aficionados de la cosa, pero ante la sensación de que serían tomadas como fabulación o simples hazañas bélicas, poco a poco se me van quitando las ganas de emprender tamaña empresa.

No obstante, hay pecados míos que parecen necesitar una explicación por ver si al final de mis días encuentro la clemencia necesaria como para sentir como merecido mi bien ganado descanso. El más grave, sin duda, atañe a la tomadura de pelo a la que sometí a los seguidores de Mutantes y que perpetré en el interior del Mutantes G2. Sí, mía y sólo mía fue la idea de llamar División Payaso al cuerpo de élite de Heracles.

Obviamente tengo excusa (creo que la tengo y que vale, en serio), porque lejos de ser una broma estúpida, aquello pretendía ser un homenaje a los viejos tiempos.

Es cierto que pude hilar demasiado fino, incluso que lo inteligente y sutil del asunto se me fuera literalmente de las manos, pero no lo es menos que el chocante apelativo trataba de trazar un puente con aquella mi primera portada para Ludotecnia, ilustración en la que aparecía sobre la solapa del tipo feo un smiley (¿se escribe así?) que a su vez hacía referencia a un cómic que andaba leyendo por aquel entonces J&F Garzón: Watchmen (¡qué tiempos!).

Lógicamente, en 1997 no era posible enarbolar el sagrado icono del TBO de Alan Moore y Dave Gibbons para vestir la insignia del más portentoso ariete de Heracles, y tiré por un atajo por el que jamás debería haberme adentrado, lo reconozco. Tampoco era plan de bautizar al cuerpo de choque del imperio de Kaufmann como División Sonrisa, ¡hasta ahí podíamos llegar! En el peor de los casos a sus integrantes el enemigo los llamaría sonrisitas, menoscabando el ardor querrero necesario en toda operación; y en el mejor, no los tomarían en serio ni así fuesen armados hasta los dientes…

Me decanté por División Payaso como un mal menor pero totalmente necesario. Quería homenajear el Catálogo Charlie’91, y no reparé en los destrozos que iba a originar mi flirteo con el pasado. Quiero pedir humildemente perdón por ello, no estuvo bien, lo admito. Aunque ahora que no nos lee nadie me gustaría preguntar ¿quién tiene huevos para llamar payaso a un tipo vestido de negro de los pies a la cabeza, petado de hierros y mostrando aviesas intenciones, que para colmo te está apuntando a la cabeza con un subfusil MP5?

Pues eso.