miércoles, 31 de diciembre de 2008

¡Felices Pascuas!


No, no me he olvidado. ¡Felicidades a todos! Sí incluso a vosotros. Id y volved a donde queráis o podáis, pero hacedlo con sumo cuidado.

Que disfrutéis de esta noche, y que los hados nos traigan a todos un hermoso y próspero año nuevo.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Said


Mahmoud conocía bien aquellos lugares porque por allí, y aún más lejos, acostumbraban a pastar las cabras que se le escapaban a su abuelo. El niño sabía dónde solían situarse los soldados con sus perros, camiones, tanquetas y carros de combate. Por eso, porque leía periódicos y entendía de ejércitos y otras cosas, y porque era el que mejor sabía dibujar de los cinco, había sido el encargado de establecer la estrategia de salida y las líneas principales del mapa que la niña llevaba en su bolsillo. Aprovechando los recreos y utilizando un plano que había en un libro de la biblioteca del padre de Shadi, lo fueron definiendo incluyendo el resto de detalles, sin dejar un cabo suelto.

Recordando el montón de horas que habían invertido en dibujarlo sobre una cuartilla de cuaderno, sin apenas darse cuenta, Sanaa fue dejando atrás la valla de madera que cerraba el olivar de Fadwa, y con ella la frontera de su mundo infantil. A partir de este lugar tendría que avanzar por campo abierto, haciendo caso del mapa y de lo que le habían contado sus amigos. La certeza de que se hallaba más sola que la una le produjo una sensación extraña, como de cientos de mariposas revoloteando en el interior de su estómago.

—Mira bien, Said. Si ves algo extraño me avisas.

El paisaje que tenía delante era yermo y pobre, y por él discurría un camino áspero y lleno de piedras que zigzagueaba entre arbustos pequeños y llenos de espinas, para perderse en lo alto de una loma. Más allá del montículo de tierra podría ver el atajo que bajaba hasta un pequeño valle donde encontraría la casa destruida con una higuera muerta a su lado. Aquella parte del viaje era la más peligrosa, por eso la habían marcado dibujando un punto rojo bien gordo sobre los trazos del plano.

De noche, mientras esperaba a que la cogiera el sueño en sus brazos, había imaginado el lugar: la casa con las paredes rotas y el tejado derrumbado, la higuera y hasta el puente roto por donde debía pasar. Mahmoud le había avisado de que era allí, precisamente, entre los árboles de la ribera bajo el puente, donde los soldados solían esconder sus patrullas y donde había visto más de una vez a Merkava.

El maestro les había contado innumerables de veces que por aquella parcela de tierra, y por el valle que luego encontraría, solían venir los romanos desde las fortificaciones del Jordán hasta sus guarniciones en Jerusalén, avanzando en largas formaciones de cuatro en fondo. Pero de eso hacía un montón de siglos y ella no esperaba encontrar ninguno.

Con pasitos cortos alcanzó la cima cubierta de hierba rala, abrasada por el sol y el aire seco, y matorrrales que arañaron sus pantorrillas. Agachada, casi tumbada sobre el suelo, divisó la casa destruida por el incendio, la higuera muerta y el viejo puente que pasaba sobre el arroyo y se perdía entre los árboles. Al otro lado, donde nacía la ladera de la colina, había más árboles que ocultaban el inicio de una calzada romana que surgía empinada para subirla.

Descendía tan despacio y silenciosa que un estornino que no la había visto llegar —el pobre estaba muy concentrado, tratando de cazar una lombriz—, al verla aparecer así, de pronto, saltó del suelo despavorido para levantar el vuelo y escapar como si hubiera visto un demonio.

En cuclillas, con pasitos aún más cortos y la canastilla apretada contra el pecho, poco a poco fue ganando el terreno que la separaba de la cerca derruida que rodeaba la casa. Aquél lugar olía a triste, a pis y a caca de cabra, y salvo el sonido de las moscas y el zumbido de las langostas, no fue capaz de escuchar nada. Rodeó el cercado lentamente, para ocultarse bajo la sombra de la higuera muerta que se retorcía sobre su tronco como una trenza de madera, e intentar descubrir desde allí si algo se movía en las sombras y penumbras o en la distancia.

—Mira bien, Said —avisó.

Pasó un largo espacio de tiempo sin que nada de nada ocurriera, hasta que de pronto le pareció escuchar un ruido que se le antojó muy lejano, luego dos, más cerca, más tarde un murmullo como de alguien que estaba hablando y pisando guijarros a la vez, abajo, en el cauce del arroyo.

Con los nuevos ruidos de fondo, el puente, apenas a una docena de metros de donde se encontraba, le pareció el lugar más tenebroso del mundo, y eso que la luz del sol salpicaba sus piedras haciendo saltar destellos naranjas y dorados, y las sombras que proyectaban sobre ellas las copas de los árboles eran de color azul, incluso violeta, o añil como su túnica.

Se mantuvo todo lo quieta que pudo. Mirando a uno y otro lado imaginó que tal vez algún soldado podía estar intentando encontrarla con sus prismáticos, y se acurrucó contra las raíces de la higuera ocultando la canastilla, no fuera que en un descuido la viera.

De lejos había visto tanques y soldados cuando levantaban polvo al rondar las afueras de Ramala. De cerca también, al visitar a tío Yasser Alí, en Gaza, aunque no lo recordaba bien porque ella era muy pequeña, casi un bebé. Y los había oído en mitad de la noche, cuando la casa retumbaba a su paso y madre venía corriendo a sacarla de la cama. También había visto aviones y helicópteros…

Se quitó aquel recuerdo de encima. La verdad era que a la chiquilla todos los soldados le parecían iguales, y sus vehículos más. Sin embargo, Mahmoud y Ahmed Ami —que conocían los nombres de los trastos que utilizaba el ejército, y se sabían los modelos, y a qué velocidad corrían, y le habían explicado que los carros de combate se llamaban Merkava—, habían intentado que se los aprendiera, pero a ella Merkava le parecía suficientemente odioso como para no hacer más sitio en su memoria. El vuelo de un milano sobre la colina la tranquilizó: pasando el puente todo sería como coser y cantar.

Shadi le había recomendado que al atravesarlo cerrara los ojos y corriera tanto como le dejaran sus pies; y lo que era aún más importante: lo más rápido que fuera capaz. Pero antes de ponerse en camino decidió mirar detenidamente los alrededores. Vio mariposas y mosquitos, dos acacias, muchas moreras e infinidad de pajuelas, y la barrera abandonada a la entrada del puente, llena de palos y rizado alambre de espinos… pero no antenas, siluetas o banderolas que delatarían la presencia inexcusable de una patrulla.

Cauta, se llevó la mano a la oreja por si así podía oír más voces que hablaran bajito, o distinguir el sonido de más guijarros rodando y resbalando, pero sólo fue capaz de escuchar el movimiento de las hojas de los árboles, el rumor del agua cantarina, el piar de algún pájaro o el ruido que hacían las langostas y los mosquitos, y por supuesto el latido de su propio corazón.

Firme, sin estar segura del todo, decidió llegado el momento de coger aire para llenar sus pequeños pulmones. Lo expulsó después y volvió a aspirar de nuevo…

—¡Atento, Said, cuento hasta tres! Uno, dos, … tres…

Sin haberse movido un palmo tomó aliento otra vez. Cerró los ojos, los abrió y los volvió a cerrar, pero no del todo.

—Ahora va en serio, Said. Uno, dos, y tres...


Capítulo segundo de mi obra Said, traducida al euskera y publicada por Desclée de Brouwer bajo el título Txanogorritxu Ramalan (Caperucita Roja en Ramala), en 2005. Hoy, mientras los auténticos dinosaurios patean la tierra, maldigo a los políticos que olvidan que las víctimas de sus excesos tienen nombres y apellidos, vidas, sueños y recuerdos.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Dignificar esto


Esta misma tarde, a los postres de una comida en la que hemos tratado sobre uno de los proyectos que os comentaba el mes pasado, hemos hablado ampliamente de Juegos de Rol. En la mesa nos encontrábamos un editor ya jubilado (el anfitrión), dos escritores que además son educadores en secundaria y bachilletaro, un educador de primaria que es además director de una revista del sector, un periodista, y yo mismo, y os juro que a nadie se le han puesto los pelos de punta al escuchar la bendita conjunción de palabras, sino que todos se han mostrado muy abiertos a entender de qué van los JdR, a comprender que fomentan la lectura, la imaginación, o la empatía y la comunicación y colaboración.

De vuelta a casa, ya anocheciendo, aprovechando que no conduzco desde el 97 y que por tanto iba de acompañante, me he refugiado en pensar en cuánto de fácil es compartir algo en lo que crees bueno, y en lo ridículo que resulta que en nuestro mundillo sigamos erre que erre justificando nuestras propias carencias. Se me ha ido la memoria a resposar sobre las palabras de un conocido editor de lo nuestro, al que aludía aquí mismo en julio pasado, y que mencionaba el asesinato del rol como una causa fundamental de la maltrecha parodia que representamos, pero que al parecer no le impidió a él ni a su editorial salir airosos y como líderes del mercado en los seis años siguientes. Así las cosas, me ha dado por pensar en por qué somos tan capullos de seguir mortificándonos a lo idiota, con lo sencillo que resulta levantar la cabeza para decir orgullosos que lo que hacemos es bueno, interesante y beneficioso para los que lo consumen y disfrutan.


No hemos cambiado de título a Quidam, ni siquiera lo hemos publicado en euskera. Behinola es una revista de literatura vasca a la que se me invitó a participar como ilustrador en 2005, y en la que tuve a bien de mostrarme tal como soy, con todo mi trabajo, incluso poniendo el rol, mi rol, en la portada.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Pues nada


Esto de tener tantas cosas entre manos apenas me deja tiempo para nada. Por si mi ajetreada vida no tuviera suficiente con lo que ya llevo encima, acaban de recordarme que me queda pendiente una vieja historia de dar sentido y color a una ladera con casi 70.000 metros cuadrados de superficie, a los que se podrían sumar otros 30.000 en terrenos cercanos y colindantes, así como un libro sobre el macizo del Gorbea al que dimos inicio a principios de este mismo año… ¿A que mola?

Con todo esto agobiándome un poco, para qué voy a negarlo, andaba yo metido en reflexiones medianeras sobre lo turbio que se muestra nuestro mercado, y me han entrado ganas de irme para el búnquer que tiene Ludotecnia. La verdad es que al respecto no puedo quejarme, si nuestra distribuidora dice que las tiendas están absorbiendo entre un 30 y un 40% menos de los que tragaban antes, en cuanto a rol, entendedme, no me queda otra que aplicarme el cuento y sacar mis propias conclusiones. Y no puedo quejarme porque hemos estado fuera de la rueda y no ha habido tiempo ni producto como para seguir afirmando que como ocurriera con Quidam, producir 500 ejemplares da para pagar a todo el mundo y para sacar beneficio, yéndote a la cama con la sensación de que has hecho bien tus deberes, tras constatar que la edición se ha agotado y que por tanto no pasas las penurias que al parecer están aquejando a nuestros competidores.

De momento aparcaremos SSHospital, y no me lo toméis a mal, porque tengo excusas solventes. Allá por junio pasado, me permití acceder a dar una entrevista en un e-zine, a la que se adjuntaba el primer capítulo completo de la obra en plan primicia, todo ello por ir abriendo un poco de boca entre los aficionados sin necesidad de tener que defender el juego ante trolls y orcos en cualquier mal sitio. No sé lo que ha pasado con todo aquello, pero me consta que no se ha publicado nada en absoluto, lo que nos pone en que de sacar ahora nuestro juego de hospitales y nazis (¡nos ha jodido!), lo haríamos con pésima cobertura, y si la cosa pinta tan churrumiada como afirma Millennium, como que a lo peor nos lo comemos con patatas. No es momento, lo dejamos así.

En otro orden de cosas, y con la cantidad de proyectos que ahora mismo me están llegando al cuello, tampoco voy a estar yo como para gobernar con sabia mano el proceso final del libro, así que nos pondremos a esperar a que los dinosaurios hagan su propio trabajo, y de paso sacaremos un cirio bien grande que guardo en el armario para estos casos, y lo encenderemos, y rezaremos un par de oraciones y entonaremos algún salmo para que las tiendas se pongan un poquito las pilas y dejen de comprar libros con agujeros u otras chuminadas grandilocuentes, más o menos en el sitio que les corresponde, aquel mismo del que se quedaron sólo con el relumbre que les permitía ir por la vida como auténticos especialistas.

Queda mucho que hacer, lo reconozco, pero como buen optimista que soy, sé que para este próximo verano o para el otoño venidero puede abrirse de nuevo la ventana que nos permita hacer lo que hicimos con Quidam. Entonces sí, entonces podré quejarme a gusto.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Ludotecnia.es


La última ignominia de Ludotecnia consiste en pretender estar en el mercado sin web (¡toma, toma, toma!).

No creo en esta tontería como tampoco en otras, pero el argumento suele ser esgrimido con suficiente contumacia como para que hoy le dedique unas líneas, así que allá voy.

Vamos a ver cómo lo cuento sin herir a nadie. Desde que nos lanzamos a la red de redes y tuvimos dominio propio, ludotecnia.com, he diseñado personalmente cinco páginas. La primera era bastante chocante, lo admito, tanto que hablaba de tortillas de patatas, pero como había que estar, pues se estaba aunque fuese de aquella manera. La segunda tenía como fondo el gris del viejo logo de la editorial y muchos enlaces en color burdeos, algo de Zulugolf, algo de ¡Al Abordaje!, y mucho de lo demás, incluyendo repasos a Mutantes y Ragnarok, ¡ah!, y un bonito catálogo repartido a lo largo de varios enlaces internos. La tercera era muy parecida a la que se muestra decorando esta entrada, con todo lo comentado para la segunda versión pero mucho más funcional, aunque todavía en formato html.

La cuarta estaba realizada enteramente en Flash (es la que todavía se está viendo, aunque en su versión extendida), y tenía incluso entradas falsas que llevaban a mundos inimaginables donde era posible descargarse cosas tan interesantes como el módulo ganador de nuestro concurso Mutantes G2, fondos de pantalla, bromas internas* y hazañas y chascarrillos que hicieron las delicias de quienes supieron encontrar el camino correcto. Celebraba nuestro 15º aniversario y disponía de acceso a dos idiomas adicionales además del castellano, estando alojada en ludotecnia.es (mantenemos los dos dominios). La quinta se quedaba a medio camino de estar concluida, a finales de 2006, y podéis ver su portada si picáis en este enlace.

También tuvimos una página específica para nuestro juego de Ci-Fi, Zulugolf, whatiszulugolf.com, allá como en 2001 y 2002… Por cierto ¿alguien que no esté cerca de la editorial se ha enterado de todo este esfuerzo?

La pregunta lleva trampa, lo reconozco, porque es evidente que sobre la existencia de todo lo que he comentado jamás se dijo nada en foros o listas de correo. No culpo a nadie, que conste, posiblemente hicimos las cosas mal o no supimos sobreponernos a las tendencias que ningunearon nuestro trabajo desde sus respectivos bastiones. Pero por ello, ahora mismo no tengo especial interés en desperdiciar tiempo y energías en hacer nada nuevo hasta que no haya algo que promocionar convenientemente, porque a diferencia de lo hecho en el pasado, el futuro sitio de Ludotecnia hablará de lo que tiene que hablar o nos interese hablar, porque se acabaron las cesiones de espacio a las dos licencias que mantenemos bajo franquicia, o incluso repasar la historia.

Así las cosas, en estos momentos, y bajo esta nueva perspectiva (filosofía dirían algunos), sólo nos quedaría hacer algo para Quidam (estuvo en la cuarta versión) y los proyectos en los que estamos embarcados, pero como los mismos que nos echan en cara que no tenemos una web decente se han aplicado en denostar eso de promocionar trabajos que se publicarán en el futuro, pues como que con el juego que sacamos al mercado a finales de 2004 tendríamos muy poco, ya me entendéis.

Habrá página, es necesaria y así lo entendemos, pero quiero que sea algo muy diferente a un catálogo publicitario o a un lugar donde fidelizar al cliente, pero la verdad es que todavía no sé cómo abordarla. Sin duda, para cuando tengamos clara cuál será la fecha de salida de SSHospital, la tendremos haciendo algo más que de baliza. Total, para lo que ha servido hasta el momento, tal cual está sigue sirviendo…


*Entrando directamente desde el Home a Juegos es posible disfrutar todavía de una movie en la que se ve a Yomsky intentando dar caza a Factorio.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Pa’qué


Sí, el tamaño, sí. La cosa tiene mucha importancia pero hay que tomársela con sumo cuidado, porque como crezcas más allá de lo conveniente, lo llevas crudo. Sí, los dinosaurios, sí. ¿Qué tendrán los dinosaurios que nos encandilan tanto?

Enseñar músculo está bien cuando lo importante es parecer que dispones de auténtica artillería; es más, está cojonudamente bien cuando aunque no estés tan como quieres hacer ver, pretendes engañar incluso a tus adversarios. Y el asunto se las trae con abalorios porque sacar músculo, a pesar de que carezcas de él, sirve para mucho en éste nuestro amado mundillo, tanto como que parece el deporte nacional, el objetivo prioritario una vez te has puesto los galones correspondientes.

Sé que hay quien piensa que yo también soy muy dado a enseñar lo que no tengo, pero anda equivocado. En cuanto al rol se refiere, prefiero saberme hurón entre diplodocus antes que dejar que me pisen porque no me han visto. Cuestión de cintura, de elasticidad, y de sabia comprensión de mí mismo y de mis posibilidades, si me permitís decirlo. Malas artes de un tipo bregado y con secuaces avispados, en una palabra.

Lejos quedan aquellas mesas redondas en que los editores de rol gustaban de hacer acto de aparición para medir sus fuerzas con sus contrarios, buscando su propio espacio. Tan lejos quedan que ya casi ni se recuerdan, pero sucedieron y eran abundantes a finales del siglo pasado y a principios de éste. Fue cosa de que Ludotecnia apareciera de nuevo en el mapa para que lentamente se las tragara el olvido. Eran otros tiempos, of course!, momentos en que hacer gala de proyectos en marcha, o venideros, estaba incluso muy bien visto. Instantes tras los cuales se inventó el término Torre de Marfil para redefinir el miedo, para hacerlo comprensible y para que nadie se llamara a engaño. Enrocarse, diría mi abuelo, encastillarse, mi padre.

He leído estos días anteriores una entrevista a un colega y he recordado lo vertido por otro editor este pasado verano, y observo con desgana que a pesar del tiempo transcurrido desde aquello que os he contado de las mesas redondas, seguimos todos en lo mismo: sobreviviendo como podemos, engañando si nos dejan. No hay nada de malo en ser un T-Rex de los auténticos, a mí me molan, pero ¡qué diablos! ¿para qué pretender parecerlo, si al final te vas a quedar en casa, en tu Torre de Marfil, esperando a que la tormenta escampe y tus palabras se las lleve el viento? Si vas por la vida de dinosaurio, por favor, que se note tu paso incluso cuando caen chuzos de punta.

Ludotecnia es hurón entre gigantes, y está a gusto siéndolo. ¿Crecer más? ¿Pa’qué?

domingo, 2 de noviembre de 2008

¡A las barricadas!


Llevo mal lo de pertenecer a grupos constituidos como tales, hasta el punto de que no recuerdo haberme asociado a nada ni a nadie desde que abandoné mi primera empresa, allá por 1991, de manera que el resto de trayectos posteriores los he realizado a pelo (quedé muy escaldado de aquello, para qué negarlo).

Hoy vengo con ésto como podía haber venido con cualquier otra cosa, porque la verdad es que entre confeccionar las entregas de Memorias de un ángel caído, dedicarme a cuidar de Nürburgring, y dibujar como un cosaco, apenas he tiendo tiempo ni para respirar —como cotilleo os diré que tampoco he podido presentarme al premio de cuentos Gabriel Aresti—, así que aquí me he plantado hoy, para no levantarme hasta que no os dedique una letras, juramentado a cumplirlo.

Me dejo de divagaciones. Decía que podía hablar de cualquier cosa y es cierto, pero me apetecía comentar que estoy a punto de hacerme socio de la Asociación Profesional de Ilustradores de Euskadi porque sinceramente creo que hay que empezar a abandonar la trinchera o el campo abierto, ya que las cosas, en lo nuestro, lo que hacemos los ilustradores, se han empobrecido de mala manera y toca comenzar a defenderse.

Me hablaron de lo interesante que resultaría hacerlo, Koldo Azpitarte y Raquel Alzate —crítico y especialista, el primero, y magnífica ilustradora, la segunda—, cuando coincidimos como jurado en el XXIIº Concurso de Cómics Noble Villa de Portugalete, celebrado este mismo año (abajo está la foto de la entrega de premios, en la que se me ve disfrazado de humano, para que no quepan dudas sobre la veracidad de lo que digo), y el caso es que el asunto resultaba sugerente, aunque como ya he mencionado más arriba, siempre me han venido estas cosas un poco a contrapelo. Sin embargo, hace unos días, tomando café con un colega, me comentaba él cómo había sorteado las ínfulas de un editor y de cómo cada vez se malvive mejor (no es un contrasentido) cuando pretendes que te respeten un poco, y ahí sí, me entraron auténticas ganas de arrimar el hombro, porque salvando un puñado de casos, muy contados, el comportamiento editorial para con los dibujantes y diseñadores empieza a clamar al cielo.

Digo yo que mi contribución no servirá de mucho (dispongo de poco tiempo y de pocas ganas de interferir en un mundo que mal que me pese ya ha encontrado relevo en una juventud que viene pisando fuerte), pero estoy seguro de que si poco a poco nos vamos mostrando más sólidos en lo que a la defensa de nuestros derechos se refiere, con unidad de criterios y pretensiones, al final puede que no nos convirtamos en el Colegio de Abogados o Médicos, pero sí estoy seguro de que se nos respetará más, porque ya va haciendo falta.

domingo, 5 de octubre de 2008

Luna menguante


El invierno era la estación del año que menos le gustaba, y no porque fuera excesivamente diferente a las otras —la nieve comenzaba a caer a mediados de diciembre y para mediados de febrero ya empezaba a desaparecer, con las primeras lluvias—, sino porque era un periodo melancólico, donde el tiempo se hacía más lento y la gente y los animales se ponían bastante tristes, como el cielo.

Un salmonete salió del refugio de hierba donde dormía, bajo la nieve, y se deslizó zumbando sobre la superficie azulada levantando una fina capa de polvillo blanco tras de sí, para desaparecer unos cuantos metros más adelante.

Las cosas raras habían comenzado a suceder poco después de las fiestas de Navidad: los perros se sentían inquietos y empezaron a ladrar mirando hacia los bosques sin razón aparente; el ganado dejó de querer salir de los establos, como si oliera un peligro que los humanos no percibían; y los peces que pasaban el invierno en los bosques salieron al campo abierto como si entre los árboles viviera el mismísimo diablo. Poco después, algunos pescadores de calamares que faenaban cerca del Akaitz, dijeron haber creído ver un buque que no llevaba velas y que avanzaba sigiloso cerca del santuario de las ballenas. Aquello era una idiotez porque de ser cierto, y tan grande, alguien más tendría que haberlo visto, pero fueron aquellos comentarios los que desataron la tormenta de miedo y silencio que recorrió el pueblo de punta a punta.

La gente comenzó a hablar de extraños robos: el mango de una azada por aquí, un pañuelo de flores por allí, un pastel de manzana por allá... Luego llegaron las sombras, los surcos en la nieve y las pisadas en los barrizales.

Las puertas de algunos establos amanecían abiertas, de par en par, y varios cercados aparecieron rotos o desvencijados. Amalia, la del boticario, se pegó un susto de muerte cuando creyó ver algo oscuro y grande que la seguía, una tarde en que bajaba por el camino de la ermita, al anochecer. Aitor Zabala estaba cortando leña cuando dijo que había visto algo que le miraba desde el interior del Bosque viejo... Así, una y mil historias más.

En el pueblo se hablaba sin descanso de aquel supuesto barco ballenero que trataba de hacerse con las ballenas —todo el mundo lo daba por cierto, y eso era lo que más le preocupaba: que realmente lo fuera—, o incluso de piratas que intentarían pedir rescate después de haberlos secuestrado a todos. En la taberna, en la panadería, en el pórtico de la iglesia y en los lugares más insospechados, se hacían corrillos para charlar acaloradamente del asunto, pero siempre en voz baja.

Algunos dijeron que habían leído, en no se sabía dónde, que existían modernos barcos arrastreros que arrasaban todo a su paso, y que por eso no se anunciaban, ni se dejaban ver. El caso fue que en menos de una semana todo el mundo decía haber visto algo que no encajaba con lo que comentaba el vecino: que si era una nave que llevaba velas, que si no las llevaba, que si era un barco a vapor, o que no era un barco y sí un enorme tiburón ballena que tal vez se había perdido y no sabía encontrar la salida…

Nadie sabía nada, pero todo el mundo decía saber algo, lo que fuera. Sin embargo, aquello estaba sucediendo, porque las vallas seguían apareciendo destrozadas o arrancadas de cuajo.


Fragmento de Luna Menguante, traducido y publicado como Ilbehera por Desclée de Brower en la primavera de 2003.

viernes, 3 de octubre de 2008

Memorias de un ángel caído


Lo del lunes pasado ha quedado en un sí es no es que la verdad no ha llevado a ninguna parte. Bueno, no del todo, el anuncio que hacía Nah de la entrevista, originaba algunas intervenciones en SPQRol que la tachaban de suavecita, cuestión que daba lugar a que se me hiciera una segunda ronda de preguntas, a mi modo de ver bastante más inocuas, firmadas esta vez por César Ayala. No ha ido mal, en serio. Al final voy a tener que admitir que algo ha cambiado radicalmente en cuanto a la percepción de Ludotecnia por una buena parte de los aficionados, y aunque todavía resulte demasiado temprano para decirlo abiertamente, creo sinceramente que lo que estoy percibiendo es claramente positivo.

No obstante, sí me gustaría recalcar que me hace gracia la poca mordiente que se gasta la tropa rolera en cuanto tiene oportunidad de calzarse delante a un editor de la cosa, aunque éste sea de los que no existen. En este orden de cosas, alabo el puntito de pimienta que le estaba poniendo Avatar a las suyas en El Opinómetro (espero ansioso la que seguirá a la de Wilbur), aunque esa es otra historia de la que me gustaría hablar más detenidamente en otro momento.

Sea como fuere, y volviendo al hilo de lo que estaba comentando, tal vez porque estoy acostumbrado a que me metan mano con mayor temperatura cuando se me pregunta por mi labor como escritor o ilustrador ajeno a lo del rol, me sorprende que la afición se contente con saber si tal o cual producto va a salir temprano o tarde, o si vas a poner en activo la web, o si se va a cambiar la filosofía de la editorial, o si acaso, cuántas personas la integran…

En el otro mundo me han preguntado por qué mis textos tienen un puntito social o reivindicativo que los hace especiales y reconocibles, si mi pensamiento político interfiere en las historias que escribo, si mis dibujos son teatrales o escénicos en lo compositivo porque buscan convertir al lector en un mero espectador o porque yo me siento así… Incluso los niños y niñas con los que charlo en primavera tiran con honda en cuanto se les deja espacio para hacerlo: ¿te pagan bien, o haces esto porque te gusta?, o ¿si algo no te convence, lo repites? Cosas así que te dejan siempre un buen sabor de boca cuando las contestas porque te ayudan a descubrirte a ti mismo y a que los demás te entiendan.

Visto lo visto, y notado lo notado, me ha dado por hacer un breve repaso por lo que realmente siento sobre el mundillo de los JdR en plan autoentrevista por capítulos, por aquello de hacerme un poco de daño mientras reflexiono sobre la actividad y el entorno.

Aprovechando la benevolencia de Nah, hoy se ha publicado la primera entrega en La Tertulia de los Vientos. Veremos cómo termina todo esto.

domingo, 28 de septiembre de 2008

El gato de Schrödinger, y el otro


La Paradoja de Schrödinger siempre me ha suscitado una grave duda. Como sabéis, la cosa va de mecánica cuántica, de comportamientos más allá de lo atómico. Así, en el experimento propuesto por el austrohúngaro, un gato permanece dentro de una caja totalmente cerrada junto a una botella de gas venenoso y una partícula radiactiva que tiene un 50% de posibilidades de desintegrarse (¡tela!), pudiendo llegar a originar que la botella se rompa y el gato la palme. Bien, el asunto trata de demostrar teóricamente que mientras no habramos la caja y sepamos lo que ocurre en su interior, el gato vive y no vive a la vez, pues las dos posibilidades son igualmente ciertas. Hasta aquí todo bien, comprensible, vamos, pero el caso es que soy hombre de letras y me he preguntado siempre lo que ocurriría si tras un intervalo prudencial de tiempo, pongamos que uno o dos días, la caja empieza a desprender un nauseabundo olor a gato muerto…

Sospecho que en ese instante deberíamos comprender que la paradoja y el enigma se habían ido al carajo, porque la situación superaba con creces las expectativas del experimento, o porque la realidad es contumaz en eso de imponer sus reglas. No me enrollo. Mi buen amigo Nah (Nah Alone) me ha propuesto recientemente hacerme una entrevista en su weblog, La Tertulia de los Vientos, por aquello de ayudarme a levantar mi maltrecha cabeza después de que me banearan de SPQRol, y también para resarcirme de los meses siguientes de prolongado silencio (es un decir).

El caso es que valorando la situación he consentido en someterme al pequeño tercer grado, entre otras cosas porque La Tertulia no es El Opinómetro, que aun siendo Avatar otro gran amigo del alma, su blog está bajo atenta supervisión de la competencia, y por ello cualquier crítica personal u opinión que haga sobre otras editoriales tiende a verse como tendencioso alineamiento con Ludotecnia —ni os cuento la de suspicacias que levantaría publicar una entrevista allí—.

Como decía, he aceptado y eso es lo que cuenta, tal es así, que acabo de enviar religiosamente mis respuestas para que todo se publique a la mayor brevedad posible. Aunque acto seguido me ha entrado una sensación de agobio indescriptible, y me ha dado por pensar en el coño gato de Schrödinger y en lo canutas que lo estaría pasando en la hipótesis teórica en que se había visto envuelto sin haberlo bebido ni comido, no ya por saberse protagonista involuntario de un ejercicio cuasifilosófico al que todavía anda la ciencia dando vueltas, sino porque acojona tener conciencia de que uno está vivo y muerto a la vez, mientras esperas a que alguien levante la trampilla de la caja en la que te hayas encerrado, como es mi caso, para desvelar de una vez por todas si tú estás errado en tu percepción de las cosas, o con algo de suerte, andas en lo cierto.

¿Se entenderá lo que digo en la entrevista, o no se entenderá? ¿Se levantará una nueva polvareda, o todo se quedará tal cual estaba? ¿Soy, o no soy? ¿Mi editorial existe, o no existe?

Desde la perspectiva de la mecánica cuántica, hasta que no se publiquen las preguntas y respuestas, y las lea quien sea, no será posible saberlo, rubricarlo, certificarlo, así que mientras obtengo noticias al respecto, he preferido quitarme el mosqueo de encima transmutándome en el gato de Cheshire. ¡Él sí que sabía vivir la vida sin agobios!

domingo, 21 de septiembre de 2008

Nürburgring


Mi otro blog llevaba tiempo dando extrañas señales de vida: participantes respetuosos y afables, anónimos respetuosos y en muchos casos incluso amables, gente con ganas de charlar sin entrar al trapo por cualquier chuminada, con sentido del humor, y a la que no le importa lo más mínimo que yo no sepa expresarme…

Vamos, que la cosa me estaba pillando a contrapié, extrañándome por desacostumbrada, y a finales del mes pasado decidí meterle caña, comenzando a escribir casi a diario por ver si la cosa era real o fruto de mi imaginación.

De momento la experiencia va estupendamente. ¡Ya os contaré!

sábado, 13 de septiembre de 2008

Edificio Bradbury, 21:13


Esto me pasa por acercarme donde no debo. Andaba yo disfrutando de mi bien ganado solaz, cuando esta misma tarde he tenido la ocurrencia de preguntarme qué se decía de la editorial de mis amores, y hete aquí que con enorme sorpresa he descubierto que se siguen diciendo la misma o parecida cantidad de cosas raras que se decían hace escasamente unos meses, cuando me aparté de todo esto, cuando, también, me banearon de SPQRol.

Era yo de la idea, hasta hace unas pocas horas, de que una editorial que no existe y cuyo responsable anda emboscado en un blog de F1 y en otro que está apartado de los motores de búsqueda de Google, no puede ser foco ni argumento de comentarios entre aficionados, pero para mi sorpresa estaba profundamente equivocado. Así las cosas, me ha dado por pasear lentamente por los pasillos a medio iluminar o totalmente oscuros de mi territorio, con las manos a la espalda y la pipa en la boca, recapacitando sobre éste y otros pormenores, porque para colmo se sigue abundando en que las iniciativas pequeñas parece que sobran.

Al respecto de esto último (lo de Ludotecnia lo doy ya por perdido), y a lo peor, me he dicho, lo que ocurre es que se están escuchando algunas campanas y el personal no sabe situarlas convenientemente. A ello ha contribuido, sin duda, la perspicacia y buen tino de algunos comentarios de un responsable editorial al que mencionaba aquí mismo a finales de julio pasado, y es que él, como yo, aunque desde diferentes ámbitos y con diferentes tamaños, transitamos los procelosos mares de la edición de libros llamada seria.

Mal están las cosas en el mundo editorial, y cabe comentar que ello es debido a la saturación del mercado, a decir de los que realmente conocen el asunto y saben expresarlo de manera convincente y clara. Así, la saturación de propuestas y editoriales pequeñas parece estar en el meollo de la dura coyuntura que está sufriendo la industria editorial española, porque en las librerías hay ahora demasiados títulos que difícilmente pueden ser absorbidos por un público que tiene lo que tiene, y que sólo puede permitirse gastar lo mismo o parecido que en 2007, y que tal y como pintan las cosas, verá mermada su capacidad adquisitiva mientras hace frente a la crisis que ya lo está machacando…

Mientras subo en solitario por las escaleras de mi pequeño imperio, pienso, y disculpadme por hacerlo sin previo aviso, que no parece que tamaña circunstancia aqueje realmente al mercado de los JdR, que más bien sobrevive como puede tras haber estado sometido a una prolongada sequía, cuando no a un sangrante exceso de precios en el avastecimiento, precisamente por falta de alternativas. En este orden de cosas, y a colación de lo que dije en su momento, los nuevos intentos editoriales serían la salvación, jamás un escollo.

A lo peor estoy equivocado y me pasa lo mismo que cuando doy vueltas acerca de cómo una editorial que no existe puede generar tanto comentario. No sé, con vuestro permiso seguiré pensando…

sábado, 6 de septiembre de 2008

Tal como somos


Cada cierto tiempo suelo comentar que el mundillo del rol no es sino una partícula casi elemental del universo de la edición —minúscula, aunque a veces muestre perfiles de Reino de Taifas, por los modales imperantes en su interior, no por otra cosa—, y estos días pasados he vivido una de las recurrentes situaciones que se dan durante el desempeño de mi trabajo como ilustrador, y que viene al pelo para ratificarme en lo que tantas veces he dicho.

Os cuento. Una editora cuyo nombre os ahorro pero que se las dice de cuidar y mimar su producto hasta el punto de que sus colaboradores gráficos las pasan canutas haciendo bocetos y bocetos para que ella acabe aceptando alguno como adecuado, dejando así que los primeros se ganen el pan que se merecen concluyendo sus obras, ha tenido a bien ponerse en contacto conmigo por ver si yo me encontraba en disposición de aceptar un encargo de álbum ilustrado a todo color para una de sus colecciones.

Obviamente la he avisado de que ando embarcado en un proyecto de bemoles, y que de decidir abordar el suyo tendría que ser con la premisa de tomarme algo de tiempo. Pero el caso es que la Feria de Durango (evento importante en nuestra autonomía, en lo que a la edición de libros respecta) está a la vuelta de la esquina, y por ello me rogaba ella que buscara los huecos indispensables como para resolver el asunto antes de finales del mes próximo, porque luego, quedarían los trabajos de fotomecánica, maquetación e impresión, que siempre consumen lo que les eches y que por ello deben ser tomados con mucha cautela.

Tras una breve discusión, quedábamos en que yo podría consumir un plazo que terminaría a mediados de noviembre, y hasta aquí todo entraba dentro de los cauces normales en que suele moverse mi labor, así que aceptando la posibilidad de quitarle horas a mi sueño para llegar a cumplir antes de que concluyera la prórroga, pasábamos al asunto de mis emolumentos…

¡La jodimos, tía Paca! Primero, la monserga del enorme respeto por los ilustradores y que por ello iba a ir yo a derechos de autor, como marca la ley, que lo marca, aunque hay excepciones. Luego que cuántos ejemplares se iba a tirar… ¿Mil? Bueno, por mucho porcentaje que se cobre, mil ejemplares son poquísimos como para sacar algo de tela con que justificar el enorme esfuerzo de hacer 24 planas dobles a la acuarela, mas portada, contraportada y lomo, y para colmo en un tiempo récord. ¿A cuánto se van a vender cada uno? A 10,00 Euros, el mercado impone sus reglas y no se puede ir contracorriente… ¡Ya!

Con la calculadora en la mano, salían 800,00 Euros por dejarme las pestañas, cobrando cada ilustración a tamaño Din-A3 por unas 5.000 pesetas de las de antes. ¿Por adelantado? Pues no, no había posibilidad de que fuera por adelantado, había que ir esperando a que se consolidaran las ventas; a lo sumo la editorial me podía pasar el 50% para que me fuese arreglando, y a partir del ejemplar 501…

Lo he rechazado porque no era plan, pero entonces la editora ha tenido a bien recordarme que ella está en esto «por amor a la literatura infantil y por un profundo respeto a la cultura.»

No me he arrugado ante tan pomposa argumentación. El amor y el respeto a lo que se lleva entre manos me parece que se demuestra de forma diferente que pisoteando a un currela que hace que se venda tu libro. Si a algunas editoriales les resulta imprescindible editar álbumes a todo color y caros por estar presentes en el mercado, sinceramente no es mi problema.

¿No os suena todo esto de algo?


La ilustración de la entrada no es mía, pertenece a un tipo al que admiro: Joao Paulo Alvares.

domingo, 31 de agosto de 2008

El fuego fatuo de San Antón


Cuentan que el corazón enamorado y roto de un suicida, convertido en estrella reluciente, buscó refugio, una noche de Navidad, bajo el puente de San Antón, al amparo del reflejo de la iglesia sobre la ría, y que allí permaneció hasta que las luces del amanecer se lo llevaron.

Dicen los que siempre saben de esto, que el muchacho era un poco bala perdida, un muerto de hambre, un bohemio que residía en una casa de huéspedes que había junto al Convento de las Hijas de la Cruz, en todo caso un poeta de medio pelo que no supo resistir el rechazo de la hija de un notario de la calle Correo.

Aunque hay quien afirma que el chaval, natural de un caserío de Etxano, estaba siendo correspondido, era buen partido, y que de no haber perdido el sentido aquella trágica noche, habría cumplido el sueño de labrarse porvenir y fortuna pues en la habitación que ocupaba como inquilino fueron hallados los poemas más hermosos jamás escritos, también hay quien apostilla, bajando la voz hasta convertirla en un susurro, que hubo algo muy turbio en todo aquello.

Coinciden todos en que es mejor dejar el asunto quieto, que cosas así han ocurrido y sin duda lo seguirán haciendo.

El caso es que recuerdan los que aún no han perdido la memoria, que lo ocurrido levantó un gran revuelo que duró bastante tiempo, convirtiéndose en la comidilla de tertulias y mentideros desde Begoña hasta La Misericordia; en recurrido tema de conversación en los cafés Boulevard, Iruña y La Granja; o en cuestión de acalorada discusión en el interior del recién inaugurado Mercado de La Ribera.

También hay quien asegura que la prensa se hizo eco, rubricando por escrito que en la madrugada del 25 de diciembre de 1929, y por espacio de seis horas, pudo ser observado, cernido a media altura bajo el arco que muere al lado de la Iglesia de San Antón, un fuego fatuo que atrajo a multitud de curiosos, y que tuvo su origen en una acumulación circunstancial de gases provenientes del lodo de la ría, pues había marea baja.

Apuntan los entendidos a que el silencio y las contradicciones que sobrevuelan al suceso se deben a que las poderosas manos del padre de la chiquilla, y las de sus influyentes amigos, persiguieron al poeta en vida y también después de su muerte, llegando incluso a robar los cuadernos del joven para quemarlos, como quedó escrito en un libro de Unamuno o Baroja cuyo único ejemplar aún hoy es posible encontrar en la biblioteca de Bidebarrieta, y al que curiosamente le falta la hoja donde se describe lo aquí narrado.

Eso sí, razonan los más puntillosos, que admitiendo que lo del puente pudiera tener algo de cierto, lo del suicida debió surgir al calor de los corrillos dominicales de las plazas de Los Santos Juanes y la Catedral de Nuestro Señor Santiago, o al del vino, en las tascas y tabernas de Ronda, Somera, Artecalle y Tendería, y que como otros chascarrillos prendió entre las gentes llanas del Casco Viejo, alcanzando rango de verdad con el mismo ahínco con que la humedad y el salitre se agarran a las piedras y ladrillos de sus calles y cantones.

Con todo, hay quien estima que como fabulación es demasiado ostentosa y por ello mala; y para corroborarlo, menciona otra muy buena, una que conoció en una librería de viejo del centro, donde al parecer hay una página huérfana y anónima, en la que es posible leer cómo un escritor fracasado paseaba bajo el frío por el único Bilbao que le habían dejado las deudas, buscando un lucido final para una novela romántica en la que llevaba tiempo trabajando, y encontrándolo recién dejada atrás la silueta del puente de La Merced, al escuchar las primeras campanadas de la Iglesia de San Antón llamando a Misa de Gallo.


Cuento publicado por Cáritas y Caja Laboral en otoño de 2006, y por el periódico Bilbao en su sección Pérgola, en enero de 2007.

domingo, 17 de agosto de 2008

Escribir


Me gusta escribir más que a un tonto una tiza. Si a estas alturas de la película no sabéis de lo que hablo, es a buen seguro porque me miráis de reojo. Escribo casi a todas horas desde que comenzara a hacerlo en serio cuando recién terminada la universidad me empezaron a ir las alubias en ello.

Tiempo más tarde me estrené en la revista Mensajero, con un artículo en el que ya marcaba claramente mis maneras, pues hablaba, ni más ni menos, de la penuria e incomprensión que rodeaba mi casi recién estrenada actividad profesional.

Ha llovido mucho, lo admito, pero el pulso interno que me alienta a manchar una servilleta de papel con el bolígrafo o a ponerme delante del teclado (las teclas negras de la vieja máquina de escribir Olivetti hasta que adquirí mi primer Mac), sigue indemne e imperturbable así caigan chuzos de punta.

Si tuviera que ser sincero, ahora mismo admitiría abiertamente que me gusta más parir imágenes con palabras que hacerlo con el lápiz, pero no es cuestión ser tan claro. Baste decir que disfruto más, que mi cabeza va más limpia y mi espíritu se encuentra más sereno perfilando escenarios reales o ficticios con palabras que a mano alzada.

Llevo más de veinte años ganándome la vida como dibujante y diseñado (comencé a hacerlo en 1984), y la razón pesa como una losa cuando me atrevo a mirarla a la cara. Sin embargo, lo de escribir ha sido siempre otra cosa, no sé si me hago entender, algo más mío, más interno e intenso.

Si ante un dibujo tengo que tenerlo todo planificado a pesar de que no suelo ser habitual de los bocetos, ante un texto me encuentro como rodeando un bosque del que conozco las lindes, su comienzo y su final, pero que me atrae atravesar para verlo y disfrutarlo caminando, tranquilo, pausado, sin miedos ni zozobras, consciente de que cuando salga de él me encontraré diferente a como he entrado. Da lo mismo que sea un artículo, una reseña o una entrada para este blog o el otro que tengo, la cosa de escribir me tira porque me llena más, sin importarme lo más mínimo sin voy a empeñar mucho o poco esfuerzo, ni siquiera si lo que hago es para niños o adultos.


Mañana cumplo años, ¡ya os contaré!

sábado, 9 de agosto de 2008

Guide me, o thou Great Jehova!


Uno sueña con que algún día llegue un momento como el que estoy viviendo, dulce de cojones, si se me permite lo explosivo de la expresión. Sí, estoy contento porque tengo entre las manos uno de esos trabajos que me permitirá medirme como en los viejos tiempos, pero que no suelen ser tan habituales ni abundantes como desearía.

Atrás quedan los diseños de catálogos y revistas, la confección de estadillos, la maquetación de textos, la pelea con las imprentas y las fotomecánicas, la lucha eterna con los clientes que no entienden que invertir en tiempo es invertir en calidad… Atrás queda todo esto y algunas cosas más, porque para ser sincero no imaginaba que tendría la suerte de vivir para ver el día en que se me encomendaría una labor bien remunerada en la que el editor me iba a dejar soltarme el poco pelo que me queda sobre la cabeza, la melena, dirían otros más afortunados, hasta el punto de que me siento libre y feliz como cuando mis pinceles y plumas retrataban mares, repechos, hombres, barcos y aperos, por dar forma al inconmensurable e ignoto mundo que envuelve la pesca del bacalao, o aún como cuando he hecho lo que entiendo y sé para esto del rol.

Acostumbrado andaba a asimilar que la edición llevaba pareja la extenuante soledad del ilustrador, su incomprensión como autor de pleno derecho, el mínimo respeto, que diría aquél, y mira tú por dónde he debido ser un buen chico porque a poco de llegar a cumplir los 49 años la vida me entrega este regalo para que lo saboree como un buen vaso de mi querido Nº7 en la terraza, mirando de tú a tú al universo.

La imagen que decora esta entrada en el día en que mi madre celebra su cumpleaños añorando a mi difunto padre y disfrutando de sus hijos y nietos, es un fragmento de un esbozo, de una tentativa, del primer peldaño de lo que a buen seguro será. Queda por delante algo más de un año de esfuerzo, y detrás varios meses invertidos en documentar la ingente tarea de concebir un mundo de la nada para que lo recorran los héroes del libro.

¡Soy feliz, os lo había dicho!

sábado, 2 de agosto de 2008

Manufactured from ready rubbed


Si algo me jode, y mucho, es cuando falla el maldito fusible. Siento un calambre que recorre la escala sináptica en todo su recorrido para terminar justo donde encajan el ensamblaje del perno de seguridad y la junta de acceso. Diréis que es una payasada y que reseteando el sistema todo se arregla. ¡Y una mierda!

Reseteo como dice el manual y el calambre cimbrea en sentido contrario, pero además alcanza al servo principal de la rótula derecha y ahí me tienes, haciendo el imbécil
mientras pateo el suelo hasta que me quedo sin energía.

Si me pasa en el cuartel no hay problema, pero es que ya me ha pasado en pleno combate, y no veas el espectáculo.

¿El mecánico dices?, el mecánico se descojona de risa, pero como no hay recambios porque no nos los mandan... ¡A joderse!


Texto publicitario de ZuluGolf, distribuido en flayers durante la celebración de las CLN en Ponferrada.

domingo, 27 de julio de 2008

¡Oysters, little Peter!


No es por malmeter, que también, pero fundamentalmente ocurre que me aburría. El caso es que encontraba el otro día, en El Opinómetro, una sabrosa opinión al respecto de los comentarios que ha hecho un conocido editor de Juegos de Rol sobre el estado actual de cosas, sin querer, como de costumbre, en Vía News, para tratar de poner las cosas en su sitio, como de costumbre, a su manera, como de costumbre.

Sin embargo, no me ha sorprendido en absoluto que siendo él y su editorial ampliamente secundadas y custodiadas por individuos que denostan públicamente de este tipo de análisis en listas y foros, haya creído conveniente meterse en berengenales más propios de iniciativas con menor proyección y futuro que la suya, aunque sea de tapadillo, como de costumbre —gracias a Dios dejé escrito en su día lo que opinaba de la recurrente manía que muestra la editorial madrileña por anular cualquier posibilidad de despegue en nuestro maltrecho mundillo. Pena que Ociojoven haya cerrado y no me sea posible rescatar aquel artículo, pero hablaba del perro del hortelano y de cómo convenía recalcar a troche y moche que el rol ha muerto, o que fallece lentamente, cuando se ha abandonado su explotación indecorosa con inteligente visión de futuro—. Lo que sí lo ha hecho ha sido la coincidencia de planteamientos que existe entre las palabras del editor y los comentarios a los que aludía el pasado 28 de junio en la entrada titulada Arena de gladiadores.

Si no he entendido mal, «Podría deciros que las editoriales que se están montando nuevas son de aficionados (sin ánimo de ganarse la vida con el rol)», suena a lo mismo con lo que se llenan la boca los guardianes de la llama que enarbolan en cuanto pueden el concepto de que es mejor una editorial potente en nuestro sector, que un montón de iniciativas pequeñas, ya que estas sólo estorban el empeño general y dispersan un esfuerzo que debería estar concentrado. Lo que me lleva a sacar como conclusión que según estos señores, la pluralidad de alternativas es rotundamente negativa, porque lo que hace falta ahora es un claro líder del mercado, como si su anhelada presencia fuese el afamado Bálsamo de Fierabrás que ayudaría a resolver los problemas generados precisamente durante el dominio de otro líder potente (no miro a nadie), que dicho sea de paso, gobernó diligentemente y son sabia mano los designios de nuestro mercado allá como a finales de los 90 del siglo pasado, hasta que decidió aplicar una inteligente visión de futuro que nos ha dejado con una mano delante y otra detrás, es un decir, porque no tenía competencia, o porque la que estaba surgiendo a su vera sobre la tierra quemada que dejaba atrás, no iba a poder ser contestada de la misma manera que con aquellas otras que sucumbieron ante el paso del todopoderoso Tiranosaurio Rex.

No, si ya lo decía mi abuela: «no hay nada como ponerse orejeras para ver lo que uno quiere.»

Sin ánimo de ofender a nadie, este tipo de argumentos huelen a excusa barata, a ventosidad de un gigante que aún considera suyo un territorio que no controla. La economía establece que cuanta mayor competencia haya, existe mayor beneficio para el propio mercado y para el consumidor, porque oferta, demanda y precios, tienden a estabilizarse en un punto que cualquiera con dos dedos de frente consideraría como óptimo, pues permite y asegura la pervivencia del negocio, cuestión sustancial de todo el embrollo. También afirma la economía que las posiciones de dominio son lesivas para el mercado y sus intereses, y por ello las administraciones y gobiernos tratan por todos los medios de evitar que haya quien se alce con un lugar dominante por ausencia de alternativas, o por simple eliminación de competidores, estableciendo a tal fin tribunales y organismos que velen por el juego limpio.

No, los monopolios no son nunca la salida, y en su caso, si no queda otro remedio que soportarlos, habrá que estar advertidos de que siempre resultarán nefastos. Lo dicho, estoy muy sorprendido, no soy capaz de digerir ni tanta coherencia ni tanta coincidencia.

domingo, 13 de julio de 2008

Cosas del oficio


Si hay algo que me causa auténtico pavor es abandonar un proyecto para retomarlo más tarde. No es que sea una cosa que sólo haya afectado a Ludotecnia desde que me hice cargo de ella, sino que ha venido siendo algo recurrente desde que comencé a trabajar en sus filas a finales de 1991, vamos, que aunque encuentro algo de consuelo en la certeza de que no me pasa a mí sólo, tampoco es que me sienta del todo aliviado.

Sospecho que en el fondo hay algo muy culinario en todo esto, porque mi buen amigo Emilio, Currito para los cercanos, me ha comentado que le ocurre incluso en los fogones. Sí, hay un puntito mental, una temperatura corporal idónea con la que todo parece posible, pero como te despistes, como te entretengas, lo llevas jodido, porque lo que se antojaba sencillo se convierte en complicado como por arte de magia.

Llevo bastante tiempo algo alejado del cotidiano discurrir de la editorial, y aunque existe una excusa de peso, no me apetece hablar todavía de ella. El caso es que desde que publicamos Quidam a finales de 2004 y comenzamos a enseñar Equinocce y El Peregrino, o incluso SSHospital, ya en 2006, las cosas se han torcido lo suficiente como para que fuese necesario ir aparcando algunos proyectos. Bien, cuando escribo estas líneas tengo encima un merequetén de no menearme. Carpetas y más carpetas abiertas en el ordenador, páginas que ha sido necesario volver a leer, dibujos que revisar, planteamientos que modificar, contactos que ha habido que retomar, senderos olvidados que han aparecido sin que todavía me explique cómo no había caído en la cuenta de que siempre habían estado aquí…

En fin, lo he dicho muchas veces y hoy me apetece repetirlo en la soledad de esta tarde, porque editar es complicado, pero si encima te lo haces todo en casa, con los tuyos, hay momentos en que lo que realmente apetece es tirar la toalla y mandarlo todo a freír puñetas, por no sufrirlo, entendedme.

Dicho esto, y por ser optimista, como de costumbre, os diré que no voy a mandar nada a la porra, aunque será necesario optimizar los recursos y ver qué se hace con cada pieza de este enorme puzzle que es Ludotecnia. Mientras, daré un poco de tiempo al mercado para que se reactive y comience a ser posible ponerse a editar 500 ejemplares sin que peligre nadie.

Sí, esto es como en la cocina, o tienes el puntito correcto para hacer una tortilla de patatas como Dios manda, o te expones a que salga cualquier cosa, así que voy a tomarme un pequeño descanso por ver si en un par de semanas estoy en sintonía y veo las cosas más claras.

sábado, 5 de julio de 2008

SSHospital


Ahora que puedo ver lo ocurrido con algo de distancia, me sorprende no haber caído en la cuenta de las abundantes señales que preludiaron el suceso y que pasé por alto, atribuyéndolas inconscientemente a una forzada falta de descanso que me estaba pasando factura.

La noche anterior apenas había dormido, así que, por decirlo lisa y llanamente, no me encontraba en la mejor de las disposiciones como para encarar una larga permanencia en aquella pequeña sala de espera, saturada de pacientes con ganas de escapar (bajo un calor sofocante y pegajoso, que reinaba sobre lo divino y humano por la ineficacia del sistema de acondicionamiento ambiental, o por la negligencia de quien lo puso en marcha sin tener en cuenta que estábamos en pleno verano), y menos para permanecer de pie, luego, en el interior de una sala de curas que apestaba a antiséptico por los cuatro costados.

Trabajo demasiado, ¡qué le vamos a hacer! El cansancio y la falta de sueño suelen estar asociados, comúnmente, a determinados estados de conciencia... digamos que poco habituales o ligeramente alterados; pero cuando concurren, además, circunstancias como las descritas, se forma un caldo de cultivo óptimo para que situaciones como las que se desarrollaron a mi alrededor se desatasen —sin la intervención de alucinógenos, lo juro—, y que por su falta de lógica e intensidad habrían tenido perfecta cabida en un libro de W. Burroughs o de Hunter S. Thompson.

Todo ocurrió en el servicio ambulatorio de traumatología de un hospital cuyo nombre he preferido olvidar, porque ni en mis peores pesadillas recuerdo haber sentido tan nítidamente estar asistiendo a un solapamiento de dos realidades diferentes, sin poder hacer nada por evitarlo. Mencionándolo trato de decir que conviene que aceptemos que me encontraba físicamente en un sitio concreto y reconocible (la sala de curas), definido por sus paredes, muebles, ficheros, techo y suelo ajedrezado; por un abundante reparto de caras doloridas, vendajes, cabestrillos, muletas, sillas de ruedas; y por el consabido repertorio de batas verdes, rosas o azules, y blancas, que suelen abundar en este tipo de departamentos hospitalarios. Pues bien, admitido esto, tengo que jurar que sin mediar una causa que lo justificase, en el mismo espacio que ocupaba el lugar que acabo de describir se fue sugiriendo otro, de arquitectura más vieja, alto, oscuro y lóbrego, que flotaba, y que avanzaba en mi dirección, engulléndome, ganando en nitidez y densidad mientras desplazaba todo rastro del primero.

He hablado al principio de señales, y vaya si las hubo. La primera ocurrió en la sala de espera, donde me asaltó una repentina sensación de vértigo, acompañada por una clara variación cromática hacia el rojo que afectaba a mi campo visual periférico, lo que me hizo temer estar sufriendo una de mis habituales lipotimias (soy hipotenso). La segunda tuvo lugar en el pasillo, adonde me trasladé buscando un poco de aire fresco y algo de espacio donde estirar las piernas. En ello estaba cuando me encontré de pronto hipnotizado por una pequeña burbuja que navegaba bajo la desconchada superficie pintada de la pared. Si me llamó poderosamente la atención su sola existencia, aún me atrajo más su aparente capacidad para trasladarse distorsionando todo cuanto encontraba a su paso (marcos, imágenes, textos, indicadores, etcétera), hasta que desapareció sin dejar rastro.

En aquel instante me asusté, llegando incluso a pensar en abandonar el hospital, pero no llegué a hacerlo porque el nombre de mi esposa acababa de ser escupido con voz anodina y timbre metálico a través del sistema interno de megafonía.

De vuelta a la sala de espera, sucedería la tercera. Allí estaba, de pie, silenciosa y quieta donde no había estado nunca. No, no había estado nunca porque de haberlo hecho, o de haberme cruzado con ella en mi corto paseo hasta y por el pasillo, habría reparado en su aspecto desaliñado, en la lividez de su cara, en sus ojos enrojecidos rodeados de oscuras ojeras, en su pelo alborotado y sucio, en su camisón blanco atado a la espalda, en que estaba descalza, y en que parecía conocerme, porque juraría que había susurrado por dos veces mi nombre de pila en el breve intervalo en que intercambiamos nuestras miradas.

Vale que aquel era el momento idóneo para salir zumbando sin mirar a mi espalda, y que lo desperdicié como un auténtico capullo, pero qué quieres que te diga, le eché la culpa a no haber desayunado, al calor, a qué se yo qué. Soy consciente de que la mayoría de nosotros conoce a uno de esos tipos que son capaces de aguarte la fiesta contando que vieron u oyeron algo extraño mientras velaban a un familiar o amigo enfermo; y de que los periódicos, cada cierto tiempo (por suerte no todos los días), se hacen eco de la inexplicable desaparición de alguien a quien vieron entrar en un hospital pero del que nunca más se supo. Reconozco que nunca había dado crédito a este tipo de comentarios, entre otras razones porque desde niño he sentido un miedo reverencial e irrefrenable a permanecer demasiado tiempo en el interior de cualquier institución sanitaria, a perderme por sus pasillos, habitaciones o dependencias, o a no saber encontrar la salida...

A lo que iba, que ya puedo oírlos.

Quien quiera que seas. Admitiendo y respetando tu derecho a tomar lo que he contado como mejor te apetezca, espero sinceramente, y por tu bien, que no seas tan iluso como para no hacer caso. Con este pedazo de papel, escrito aceleradamente en la penumbra del vano de una escalera, sólo intento prevenir a quien pueda o quiera leerlo, de que hay algo vivo y horrendo que se alimenta del dolor de los mortales, y que habita en el interior de los hospitales. Así que si aprecias en algo tu vida y cordura, mantente alejado de ellos, o procura entrar bien armado.


Texto introductorio del juego que fue leído durante el transcurso de la segunda entrevista que me realizó Radio Telperión en abril pasado.

sábado, 28 de junio de 2008

Arena de gladiadores


¡Uf, qué mal trago! Bueno, no tanto. Andaba yo un poco oxidado, pero al final sigo entero, aunque baneado de SPQRol, y en el fondo agradezco la oportunidad de tomarme un respiro, porque las cosas se estaban poniendo demasiado cuesta arriba como para intentar explicarse, y antes de volver a salir por peteneras, como de costumbre, prefiero cerrarme en banda.

Tampoco os creáis, todo surgió porque a OKGames la estaban poniendo de vuelta y media en una lista esencial para la supervivencia de lo nuestro, por ser tan poco seria como para anunciar que tiene la licencia de Cthulhu-Tech y que pretende darla salida, y porque a mí se me ocurrió delatar la maniobra para decir abiertamente que éstas no son formas de cultivar un mercado ni su afición. Total, que entre pitos y flautas, aparecieron los de siempre por ver si pillaban cacho. Sí, los que ponen en duda cualquier cosa atractiva por aquello de actuar de manera preventiva, no vaya a ser que el mundillo de los Juegos de Rol deje de ser profundamente serio.

Y el caso es que estas cosas pasan porque no hay competencia sana, porque no hay oportunidades reales para comparar entre diferentes propuestas, porque en el fondo no hay ganas de que nada cambie, porque nadie se ha preocupado de fomentar el criterio de los aficionados, porque la pedrada se ha antepuesto a la crítica, porque aquí todo vale y debe seguir valiendo, y de que siga siendo así se encargan los que se han encargado de ello desde tiempos inmemoriales, los mismos que aparecieron el otro día en SPQRol para enmendarnos la plana a todos, para acusar sin razones, para escenificar lo machotes que son y lo puestos que andan. Total, una nadería, te mofas un poco de las iniciativas personales, del trabajo que están desarrollando los que prefieren jugar a vender poco porque prefieren hacer las cosas a su estilo y manera, sazonas el invento con un sonoro ¡Ludotecnia no existe!, sueltas alguna tontería sobre las leyes del mercado y lo importante que resulta para todos que haya una editorial fuerte en vez de varios proyectos pequeños, y te largas por donde llegaste con cara de no haber roto un plato, a seguir pontificando y sacando pecho ante las huestes que aún besan tus pies a tu paso, porque saben que eres un gracioso de tomo y lomo, y llevas mil y tantos años en esto, incluso que publicaste alguna traducción para el imperio…

Admito que se me atraganta la cosa, y más de lo que debería. Chorradas como «Ándate con ojo que soy un posible comprador de tus libros», o aún «Cambia de distribuidora porque en las tiendas que frecuento no aparecen tus productos», no dejan de ser el exponente preclaro de lo mejor que lleva nuestra afición en sus entrañas…

Y así nos va, y nos quedaremos de aquella manera como no lo remedie nadie, saturados de matones de barrio que intentan cerrar la boca de quienes siguen apostando por esto, mientras sientan su propia cátedra a martillazos.

¡Uf, qué mal trago, qué bochorno! Menos mal que estoy baneado tras mi paso por la Arena de Gladiadores. En serio, no vuelvo.

viernes, 20 de junio de 2008

Mutantes


No deja de ser chocante que Ludotecnia no exista y a pesar de ello pueda verse envuelta en problemas terrenales de sencilla explicación.

La cosa es recurrente y en cierto modo aburrida, aunque la tolero con franciscana paciencia. Os cuento. De tiempo en tiempo surgen algunas voces que reclaman a mi editorial alguna explicación sobre Mutantes en la Sombra, juego que como debería saberse, está licenciada a EDGE desde finales de 2001, y digo «debería saberse» porque a estas alturas todo indica que hay quien todavía no conoce este aspecto, y con la cantidad de tiempo que ha pasado, con la cantidad de líneas escritas, con la cantidad de comentarios míos al respecto, me sorprende que sigamos erre que erre con la coño cantinela.

EDGE está trabajando en Mutantes, me consta y así lo he afirmado cuantas veces ha sido necesario o me ha parecido conveniente, otra cosa es que ellos no crean pertinente decir nada, o en su caso no vean adecuado soltar alguna migaja sobre lo que se está elaborando en sus cocinas, cuestión en la que no entro ni salgo, porque ése es un problema que atañe a la editorial sevillana, que en lo que me concierne como responsable de Ludotecnia sigue estando tan resuelto como lo ha estado desde el inicio de la franquicia. Vamos, que ni tengo dudas ni creo que vaya a tenerlas porque la relación entre las dos editoriales es muy fluida.

También tenemos licenciada la línea de Ragnarok —lo comento por si queda quien todavía no lo sabía—, y aunque debo admitir que la presión sobre el juego que lleva ahora The Old Guard es mucho menor, también lo es que de vez en cuando se cae alguien por aquí preguntándonos sobre la situación de nuestra estrella del terror.

No me importa demasiado, en serio. Creo que contestar a estas y otras preguntas forma parte de nuestra labor editorial, pues ayudan a los aficionados a clarificar dónde andan sus juegos preferidos, a estimar tiempos de espera, o sencillamente a no sentirse perdidos o desamparados en un mundo saturado de bulos o de informaciones sesgadas.

Ahora bien, entendiendo que ante la recurrente falta de noticias, el que más o el que menos se siente tentado de tocar a nuestra puerta para saber algo, lo que no me explico todavía es que la intuición de que existamos para contestar a las preguntas sobre Mutantes o Ragnarok, no sirva a su vez para comprender que estamos aquí para ofrecer respuestas, sí, y también para llevar adelante nuestros propios proyectos, y que al respecto tenemos el mismo derecho que los demás para guardar el silencio que nos venga en gana, cuestión que no certifica para nada que estemos tiesos, entre otras cosas porque seguimos contestando cuando se nos pregunta, desde el teléfono o desde el correo electrónico.

No, sinceramente no me entra en la cabeza.

sábado, 14 de junio de 2008

¿Se entiende?


Convenientemente disfrazado de ser humano aparezco rodeado de niños y niñas en uno de mis habituales conciertos verbales, charlas o como queráis llamarlo. Es ésta una época del año en que acostumbro a repartir mi tiempo por colegios y librerías, contando a quien quiere escucharme, cómo escribo y cómo dibujo. Incluso me pagan por ello.

Además de dictadorzuelo de Ludotecnia, escribo, diseño y dibujo libros. Hubo un tiempo en que hice museos, con maquetas y dioramas, y trabajé también para la publicidad, elaborando eslóganes y textos, ilustrando anuncios.

También hago mis cosas para instituciones desde que en 1986 fundara mi primera empresa, pero básicamente siempre es lo mismo: escribir, diseñar y dibujar; escribir, diseñar y dibujar; escribir, diseñar y dibujar; eso y discutir los pormenores de mi actividad con clientes y editores de los llamados serios. Como quiera que también imparto charlas para adultos, participo en algún programa de radio cuando me llaman, he contribuido con mis conocimientos y labia a acercar el mundo de la ilustración, la piratería o del bacalao, en conferencias, he escrito multitud de artículos y llevo un blog que goza de cierto prestigio en el mundillo de la F1, me gustaría dejar claro que vivo de hacerme entender, de que se me comprenda, en una palabra, que disfruto llegando a la gente, y que a tenor de los resultados, todo indica que lo hago medianamente bien. Por ello me sorprende la dureza de mollera de alguno de mis interlocutores en foros o listas, que recurren siempre al inevitable «¡no te explicas!» para intentar rebatir mis argumentos.

No quiero parecer pesado, nada más lejos de mi ánimo, pero sí me gustaría aclarar que salvo en contadas ocasiones, me explico estupendamente, tanto que hasta un chaval de siete años alcanza a comprenderme, lo que me lleva a pensar en que tal vez el asunto de mi oscuridad de planteamientos en algunos debates se deba más a una predisposición negativa a entenderme que a una carencia que me impida ser conciso y claro.

¿Se entiende ahora?

domingo, 8 de junio de 2008

Se mueven


Nuestros dinosaurios se han puesto en marcha, y su paso parece imparable y decidido. Sí, ya sé que predije la cosa allá como a finales del año pasado, pero es hora de confesar que no voy por la vida ejerciendo de visionario, ni aún de sabio de aquellos que comentaba a principios de mayo, aquí mismo, sino que soy un simple mortal que aplica la lógica que le enseñaron sus mayores, y mira a su alrededor, sobre todo mira.

Así las cosas, estaba cantado que tarde o temprano los dinosaurios tendrían que mover el culo, porque la inversión en licencias suele ser abultada y pesa lo suyo en el entramado si no se sacan al mercado en aras de amortizarlas cuanto más rápido, mejor. También parece que di en la diana en lo que respecta a las fechas, pero fue por pura chiripa, vamos, que calibrando más o menos cuándo Ludotecnia iba a volver a sacar la cabeza, dije abril como podía haber dicho mayo, o junio.

Sea como fuere, por coincidencia o por confluencia de astros, apenas 24 horas después de mi desafortunado comentario poético en Nación Rolera, EDGE anunciaba lo que todo el mundo andaba esperando y yo en particular deseando, y a pesar de que la crisis ésta que nos acogota no parece indicar que sea el momento propicio, si se mueve EDGE a la postre nos moveremos todos. Por ello me alegro, por los sevillanos y por toda la afición, y lo hago por la sencilla razón de que el movimiento (o sensación del mismo) en nuestro mundillo es demasiado necesario, imprescindible, y porque bien está que quien realmente tiene capacidad para tirar del carro lo haga con salero.

Nótese que no he entrado en valoraciones de si el rol andaba abandonado o dejaba de estarlo porque EDGE respiraba poco. Ni soy la persona más adecuada para este tipo de cosas, ni me apetece meterme en berengenales en los que habitualmente se mete a Ludotecnia sin entender ni papa. En la labor editorial hay demasiados componentes que suelen pasarse por alto por desconodidos, pero que excusan perfectamente los periodos muertos: el retraimiento en las compras porque los bolsillos se muestran secos; que la competencia hace estragos con alguna de sus novedades y conviene ponerse al pairo por evitar desastres; que las tiendas se hayan asustado más de lo habitual por leer listas o estar abiertas a comentarios pesimistas o tendenciosos… O porque simplemente, como creo que ha estado y sigue sucediendo, el mercado se muestra cansado o saturado y por tanto no admite más alimento que el indispensable.

Editar supone siempre un riesgo, y lo malo es que este particular se desconoce porque las editoriales suelen mostrarse reacias a enseñar la trastienda, a poner en limpio sus propios problemas, a explicar que cuando no se puede no se puede, o que cuando no conviene, pues no conviene. Son manías de andar por la vida enseñando músculo, y advierto que su descripción prolija serviría para llenar un libro, así que permitidme que lo deje por el momento.

Lo dicho, el anuncio de que EDGE se haya puesto en marcha y de manera firme, sólo puede ser recibido como una gran noticia, sin paliativos. Ahora nos toca al resto de propuestas ir valorando cuándo la inercia generada nos resultará beneficiosa, porque los hurones no somos dinosaurios y conviene que la gente también lo tenga en cuenta.

sábado, 31 de mayo de 2008

Mónaco


Si no sabéis que me gusta la F1, deberíais conocerlo. No es por nada, pero el enlace a mi otro blog causó algún estrago a principios del mes pasado, su mención y por supuesto mi verbo florido.

Fuera de bromas, además de ésto, me gustan otras cosas, muchas más cosas, desde las maquetas a escala 1:43 de vehículos de cuatro ruedas (tengo alguno de seis, pero no son la norma), a la F1 o los aviones, pasando por la aeronáutica, la vela, la música, la literatura nativa en lengua española, en la de afuera convenientemente traducida, los TBOs, el cine, escribir, dibujar, charlar, el whisky, el bourbon, fumar en pipa, y un amplio etcétera. Creo sinceramente que todo esto es bueno, mortalmente bueno, beneficiosamente bueno, y me gusta hacer gala de mi amplitud de miras y aficiones en cuanto encuentro ocasión, por ello y por alguna otra cuestión que me guardo, llevo muy bien eso de que mis colaboradores sean tipos tan sanotes como para tener una vida más allá del rol, o dentro de él, pero ajena a los dictados de una editorial tan minúscula como la mía.

Viene a cuento esta sarta de divagaciones, porque de un tiempo a esta parte vengo notando que hay cierto personal que tiene la tonta manía de comportarse como si perteneciese a una cuadra por andar en la periferia o dentro de alguna editorial de la competencia, y lo malo no es eso, sino que se nota, y lo peor: que pretenden que las actitudes de los demás vayan en sintonía con las suyas y puedan ser justificadas de idéntica manera.

A mi modo de ver, el asunto no tiene mayor calado, cada cual gasta el tiempo y las energías como le apetece, y lo respeto sin que me quite el sueño, pero me gustaría puntualizar que todo esto corresponde a una vetusta manera de ver las cosas que se aplicó con ahínco y vehemencia, hasta la extenuación, diría, por la editorial que gobernaba los designios de la industria española del rol, allá por mediados de los 90 del siglo pasado, y que ha sido trasladada hasta nuestros días por una pacata comprensión del mundillo que se podría escenificar en el alarde continuado de cohesión que hacen algunos de mis colegas, y que se podría sintetizar diciendo que en sus filas, el que se mueve no sale en la foto.

Personalmente prefiero saber que mi gente está conmigo para lo que está, y porque le da la maldita gana, o porque sencillamente está a gusto, sin que yo tenga que inmiscuirme donde no debo. Es una opinión, y como tal no debería ir a ninguna parte ni pretende sentar cátedra. Porque vamos a ver, si un autor es bueno para Ludotecnia, maldita la gracia que me hace tener que meterme en su cama, decirle cómo y con quién tiene que sudar la camiseta, lo mismo que en su solaz y ocio. Lealtades las justas y en su justa medida, valga la reiteración, porque lo uno no quita lo otro; es más, lo uno me parece que descojona lo otro, si me permitís poner la directa.

De sólo pensarlo me entran sudores. Si además de preocuparme por los avatares e infortunios de la actividad, tengo que ponerme bobo para que cualquiera de los que andan a mi lado piense como yo, actúe como yo, ejerza y vaya por la vida de lo que yo… Lo dejo. No, no es de recibo ni me interesa aplicar un shogunato que no lleva a ninguna parte. ¡Otros lo hacen! ¡La mayoría lo hace! Bien, ¿y qué? Ludotecnia funciona de una manera incomprensible incluso para mí, que supuestamente la dirijo, pero está integrada por personalidades que me merece la pena cultivar para que se cultiven solas, porque no servirían de nada si estuvieran acopladas al pensamiento único e indivisible de la editorial como autómatas. Los prefiero libres, independientes, con sus respectivas aristas y huecos, porque a la hora de trabajar saben funcionar dejando atrás sus cosas y se aplican como si les fuera la vida en ello, y eso es lo que cuenta, que cuando dibujan o escriben son únicos y aportan a la editorial lo mejor de sí mismos, sin necesidad de que yo les pida cuentas sobre lo que han hecho o han dejado de hacer cuando mi ojo supervisor no los tenía a tiro. No, por nada del mundo me gustaría ponerme en el papel de tenerle que pedir a un colaborador que me enseñe los correos electrónicos en los que ha departido con un aficionado, o cuentas por un comentario vertido en un foro, o explicaciones por una opinión lanzada al aire en su blog.

Mónaco, sí, el fin de semana pasado vivimos más de lo mismo, pero bajo el agua. Y sí, me gusta la F1 porque se trabaja en equipo, y porque cuando se termina la cosa a Kimi le gusta irse de farra, Felipe es más familiar y se queda en casa, Fernando desaparece del mapa, Flavio se entretiene con un equipo de fútbol… Vamos, que cada uno hace de su capa un sayo con su vida privada porque está en su derecho y porque al final su libertad personal redunda en el espectáculo, que es de lo que se trata.

sábado, 24 de mayo de 2008

¿Indie? ¿Yo?


Este año, poco gratificante en demasiadas cosas, me ha dispensado sin embargo una alegría totalmente inesperada. Os cuento, a finales del año pasado y comienzos de éste, han surgido algunos debates sobre los Juegos de Rol llamados indies, independientes, para que nos entendamos, que todavía colean y que si no lo remedia nadie, seguirán coleando durante mucho tiempo.

Soy de la opinión de que este tipo de cosas de etiquetar los productos tiene mucho más que ver con la necesidad del mercado por encontrar vías para personalizar sus mercancías, que con establecer rangos eficientes con que definir ideas o proyectos. Así las cosas, y tras mucho leer sobre el asunto, sospecho que lo de indie viene a cuento de aquellas iniciativas arriesgadas que se alejan de lo que vulgarmente consideramos como tradicional o comercial, sin que para que un juego pueda ser catalogado como tal resulte imprescindible contar con el apoyo de una editorial o sea necesario ir por libre.

En este orden de cosas, me produjo un alegría inmensa que nuestro Quidam fuese esgrimido como ejemplo de juego independiente, y así lo he comentado en algunos foros. Tampoco penséis que en ello ha habido un interés por santificarlo como el primer juego indie del mercado español, cuestión que por la época de su publicación (finales de 2004) quedaría ampliamente ratificada; no, la cosa iba de que una editorial con la que compartimos espacio ha tenido a bien identificar algunos de sus productos con la coño etiqueta, y ha surgido quien ha recordado que a Juego de Rol raro y contracorriente, al Quidam le ganan pocos.

Es cierto que nuestro juego de los fracasados se las trae con abalorios en esto de forzar tuercas. Desde la ambientación a la creación de personaje, la propuesta de Josu Mendiola puede poner los pelos de punta a quien se adentre en su interior sin la debida cautela, y por ello se ha consagrado como un juego extraño que merece la pena jugar al menos una vez. Lejos de la iconoclasta pretensión de que Quidam es un producto de estantería, de coleccionismo (¡tela de eufemismo, del que hablaré algún día!), nuestra última publicación se ha demostrado como una alternativa inteligente que ha sido ampliamente recogida para ser jugada, a pesar de lo extremo de sus contenidos y del afán de los detractores de nuestra editorial por minimizar este aspecto.

¿Quidam es indie? Sinceramente no puedo contestar a esta pregunta, porque como he dicho más arriba, sólo soy capaz de entrever algunos pespuntes en eso de lo indie que está tan en boga ahora. Ahora bien, sí puedo afirmar que es un juego de autor en el que Ludotecnia se ha implicado sin importarle lo más mínimo su resultado en ventas. Merecía la pena, así lo vimos y así lo entendimos, y por ello lo abordamos y lo concluimos como si se tratase de un juego más tradicional, no sé, como el Mutantes, el Piratas!!, o el Ragnarok, o cualquiera de los otros trabajos que aún descansan en nuestro baúl de los libros perdidos. Lo que me lleva a pensar en que que si la forma de trabajar e implicarse con los autores ha sido la misma desde siempre, independientemente de si la cosa va para comercial o para rara, a lo peor Ludotecnia es una editorial indie y no nos habíamos enterado hasta ahora.

Sea como fuere, que la afición añore el Mutantes o el Ragnarok, que esté esperando ¡Al Abordaje!, ZuluGolf, SteamWars, o SSHospital, o que desmarque claramente a Quidam del resto de competidores, viene a significar lo mismo: que Ludotecnia ha apostado siempre por la calidad por encima de los resultados en ventas, cosa que me congratula.

¿Quidam es indie? ¿Qué más da? ¿Lo eres tú, lo soy yo?

domingo, 18 de mayo de 2008

Yo, dorsicano


Discúlpenme Vuesas Mercedes, ha sido tanta la alegría de poder escribir sobre una de mis pasiones mundanas sin que me sobresaltaran anónimas voces o me pusieran en alerta viejos cantos de guerra, que se me había olvidado presentarme, hacer una salutación, no sé, ofrecer una cálida bienvenida a este lugar a quien perdido en la blogosfera se haya topado con él sin buscarlo… No tengo perdón.

Soy un viejo dorsicano que en verano cumplirá 49 primaveras. Viejo para según qué cosas, pues todavía tengo arrestos para cuidar de mi territorio con solemnidad y arrojo. Ladera arriba, ladera abajo, camino con paso templado sobre la vegetación, entre los matojos y las hierbas altas, bajo la sombra de los árboles que decoran y cubren el Virunga, vigilando, siempre vigilando.

Me ha sido dado el bravo mal humor de los gorilas entrados en años, labrado a fuerza de salir vivo de diferentes lances y fortunas, siempre con la cabeza alta, siempre listo para el siguiente susto. Decora mi espalda un espeso pelo cano que avisa a los que se me acercan, que ni deben mirarme a los ojos ni darme la espalda cuando espantados por mi soberbia presencia, huyan despavoridos. Centinela anciano, mis cansados ojos han visto lo que nadie recuerda, pues están abiertos desde que casi amaneciera todo, presenciando por ello la caída de los titanes y el derrumbe de los leviatanes, el crecer de bolardos y setas, de los egos desmesurados y descomunales que creyeron poder devorarlo todo, de guías y gurús efímeros como polillas, y aún de los abundantes falsos profetas que prometieron y siguen prometiendo una tierra de promisión que mi corazón afirma no existe.

Me odian porque permanezco erguido así se remueva la tierra sobre sus cimientos, porque mi sangre se alimenta de la conciencia de lo pequeño y minúsculo que resulta mi universo, porque no aspiro a nada que no sea seguir haciendo lo que me da la real gana, cuando me apetece, lejos de toda norma, ajeno a las reglas, altivo frente a los imperativos que han demostrado su falta de aliento y su inane vitalidad. Siempre sincero, aunque duela, brutal a veces, certero si se tercia, me envidian porque me saben rodeado por iguales con los que comparto aventuras y pasiones, cuya lealtad ni se compra ni se vende pues se ha forjado en el codo a codo y en el cubrirse las espaldas. Me temen porque soy un resistente, un ejemplar único, el jalón que recuerda que hubo un tiempo en que sobraban las imposturas, porque mi silueta oscura saliendo de la espesura advierte a los incautos de que es posible seguir estando realmente vivo a pesar de que te hayan cavado mil fosas y te hayan celebrado cientos de funerales.

Soy un dorsicano con nombre de fusil de asalto cuya piel está cubierta de cicatrices… ¿A que acojona?